El “Chúcaro” Sánchez todavía intenta dimensionar lo que consiguió. Después de años de sacrificios, entrenamientos lejos de su familia y oportunidades que parecían no llegar, el boxeador de Puerto Madryn logró una de las victorias más importantes de su carrera en Estados Unidos. Y aunque regresó con un cinturón de campeón, su mayor ilusión sigue estando por delante: conseguir una oportunidad por el título del mundo.
El triunfo ante el nigeriano Emeka Nwokolo, en Long Beach, California, significó mucho más que una victoria internacional. Representó la recompensa para un deportista que comenzó vendiendo churros y otras elaboraciones familiares por las calles de Puerto Madryn, mientras soñaba con abrirse camino en el boxeo profesional. Desde Buenos Aires, donde permanecía junto a su padre antes de regresar unos días a su ciudad, Sánchez compartió sus sensaciones en el programa Tiempo Deportivo, de Jornada Radio.

“Me avisaron cinco días antes. A los argentinos muchas veces nos llaman a último momento porque piensan que no estamos preparados. Pero yo venía entrenando muy fuerte y sabía que podía ganar”, explicó.
El rival no era sencillo. Nwokolo, radicado en Estados Unidos, tenía potencia y fortaleza física. El argentino debió modificar su estrategia durante el combate para neutralizar esas virtudes. “Pegaba muy fuerte. Después del quinto round lo empecé a notar más lento. Mi viejo me dijo que no me cruzara tanto, que sacara más cantidad de golpes porque yo estaba un poquito más rápido. Aprovechamos eso y creo que ahí estuvo la diferencia”, detalló.
Sánchez aseguró que, ante la resistencia del nigeriano, comprendió que debía priorizar la velocidad y la acumulación de golpes por encima de buscar una definición antes del límite. “Le pegaba fuerte y él se reía. Entonces empezamos a trabajar con más velocidad, entrando por los costados y tirando tres o cuatro golpes cuando él tiraba dos. Creo que así terminé convenciendo a los jueces”, señaló.



El fallo favorable le permitió conquistar un título norteamericano y fortalecer sus posibilidades de ingresar en la discusión de los principales puestos del ranking internacional de la categoría superwelter. Con 33 años y próximo a cumplir 34 en enero, el púgil madrynense sabe que atraviesa una etapa decisiva de su carrera. “Yo sé que es muy difícil ganar un título del mundo, pero aunque sea quiero tener la oportunidad de pelearlo. Con eso sería más que feliz”, confesó. La victoria en California podría abrirle nuevas puertas. Según adelantó, existe la posibilidad de volver a combatir en diciembre y, si consigue otro resultado favorable, acercarse a una eliminatoria mundialista. “Me dijeron que posiblemente tenga otra pelea en diciembre. Si gano, puedo llegar a tener una eliminatoria por el título del mundo. Es lo que sueño desde hace mucho tiempo”, sostuvo.
El objetivo también tiene una dimensión económica. Sánchez es padre de tres hijos y reconoce que una oportunidad mundialista podría representar una recompensa significativa después de tantos años de esfuerzo. “Una bolsa de esas es totalmente diferente. Tengo familia, tengo hijos y uno también busca poder recuperar algo de todo lo que invirtió en esta carrera”, expresó.


DE VENDER CHURROS A GANAR EN ESTADOS UNIDOS
Detrás del campeón existe una historia de esfuerzo familiar que comenzó mucho antes de sus primeras peleas profesionales. Sánchez recordó que durante su adolescencia combinaba los estudios con la venta ambulante y los entrenamientos. “Me levantaba a las seis de la mañana para ir a la escuela. Después salía a vender las cosas que hacía mi mamá, los churros que preparaba mi tío y otras cosas que hacía mi abuela. Estaba hasta las siete de la tarde, llegaba, tomaba un té y me iba a entrenar al gimnasio municipal”, relató.

Su historia también explica el vínculo que mantiene con los chicos que actualmente se forman en los gimnasios de los barrios de Puerto Madryn. Cada vez que puede, regresa a compartir entrenamientos y colaborar con materiales deportivos. “Llevo guantes, sogas, bucales, frutas. Ahora tengo cuatro o cinco pares de guantes para donar. No lo hago para que me saquen una foto, sino para que los chicos vean que se puede”. Y agregó: “Yo voy y les digo: ‘Muchachos, yo pude, ustedes también pueden’. me pongo a entrenar con ellos, les hago manoplas y trato de ayudarlos”.
UN APODO EN RECUERDO DE SU TÍO
La historia de “Chúcaro” Sánchez está atravesada por una tradición familiar vinculada al boxeo. Su primer entrenador fue su tío Mario Fernández, quien lo llevó al gimnasio cuando tenía apenas 14 o 15 años. “Yo era bastante gordito, pesaba como 90 kilos. Mi tío me dijo que fuera a entrenar. A los tres días me puso a guantear con un muchacho que tenía muchas peleas y después me dijo que tenía condiciones”, recordó. Pero Fernández falleció a causa de una enfermedad y Jonathan decidió adoptar su apodo como homenaje. “A mi tío le decían ‘Chúcaro’ cuando era boxeador profesional. Yo llevo ese apodo para recordarlo y para que la gente también se acuerde de él”, explicó.
Desde entonces, su padre asumió la responsabilidad de acompañarlo en su preparación deportiva. Y por eso, Wilson Sánchez, el entrenador que dejó todo por su hijo. La conquista en Estados Unidos también tuvo un significado especial para Wilson Sánchez, exboxeador y campeón argentino en 1992, quien acompaña a Jonathan desde sus primeros años.
En diálogo con Jornada Radio, el entrenador reconoció que debió postergar su actividad laboral para dedicarse por completo a la preparación de su hijo. “Tengo un taller de herrería en casa, trabajo de eso, pero lo cerré y estamos acá. Yo lo acompaño porque sé que tiene condiciones y lo voy a seguir acompañando hasta el final”, aseguró.
Wilson destacó especialmente la trayectoria de su hijo y la capacidad de mantenerse competitivo después de tantos años en el profesionalismo. “Tenemos casi 40 peleas y él está bien. Hemos peleado con todos y seguimos adelante. Estoy muy contento por lo que conseguimos”, manifestó.

El boxeador que alguna vez repartió sus horas entre la escuela, la venta ambulante y el gimnasio municipal hoy se encuentra ante la posibilidad de dar un salto histórico en su carrera. Con un cinturón conquistado en Estados Unidos, su padre todavía a su lado y el respaldo de una familia que nunca dejó de acompañarlo, Jonathan Wilson Sánchez mantiene viva la ilusión de convertirse en retador mundialista. “Yo vengo de abajo y sé lo que cuesta llegar. Si mi historia sirve para que los chicos de los barrios entiendan que pueden cumplir sus sueños, para mí eso también es un triunfo”, resumió el “Chúcaro”. Fuente «Tiempo Deportivo» Jornada Web.






