El boxeo argentino está de luto. Jorge Fernando Castro, conocido popularmente como el “Roña” o “Locomotora”, murió a los 59 años, de acuerdo con las primeras informaciones difundidas durante la madrugada de este miércoles. El excampeón mundial se encontraba en un bingo de Morón, provincia de Buenos Aires, cuando habría sufrido una descompensación. Las circunstancias precisas de su fallecimiento todavía se encuentran pendientes de confirmación oficial.
Nacido en Caleta Olivia, Santa Cruz, Castro fue mucho más que un campeón mundial. Representó una historia de esfuerzo y superación que comenzó en las calles de su ciudad natal, donde conoció desde pequeño las dificultades económicas y las privaciones. Su talento, su resistencia y una personalidad que parecía no conocer límites lo llevaron a convertirse en uno de los boxeadores más populares de la Argentina.




Su nombre quedó definitivamente grabado en la historia del deporte el 10 de diciembre de 1994, cuando protagonizó una de las remontadas más extraordinarias del boxeo mundial frente al estadounidense John David Jackson. Aquella noche, en México, Castro estaba ampliamente superado por su rival. Había recibido una verdadera paliza durante nueve asaltos y su rostro reflejaba el castigo acumulado. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, conectó una combinación de golpes que terminó con Jackson en la lona y le permitió conservar el título mundial mediano de la Asociación Mundial de Boxeo. La histórica definición pasó a conocerse como la pelea de la “Mano de Dios”, una acción que trascendió generaciones y que todavía es recordada entre las grandes hazañas del boxeo internacional. En 2024, al cumplirse treinta años de aquel combate, el propio Castro dejó una frase que hoy adquiere un significado especial: “Me voy a morir y la pelea va a seguir vigente”.


Pero su historia no terminó cuando dejó los cuadriláteros. En los últimos años, el excampeón había profundizado su compromiso social mediante la organización de comedores comunitarios, la distribución de donaciones y el acompañamiento de jóvenes que encontraban en el boxeo una oportunidad para construir un futuro diferente. Castro nunca ocultó sus orígenes humildes. Había contado públicamente que durante su infancia pasó hambre y atravesó situaciones muy difíciles. Esa experiencia personal se convirtió en una motivación para ayudar a quienes enfrentaban necesidades similares.

A través de su gimnasio y de distintas iniciativas solidarias, trabajó para acercar alimentos y asistencia a numerosas familias. Hasta sus últimas apariciones públicas continuaba hablando de esa tarea, que consideraba tan importante como los títulos conquistados durante su carrera deportiva. Su popularidad también trascendió el deporte. Participó en programas de televisión y realitys, donde mostró una personalidad espontánea, carismática y cercana a la gente. Para Santa Cruz, y especialmente para Caleta Olivia, su figura representa una parte fundamental de la historia deportiva provincial. Desde aquella ciudad patagónica llegó a los principales escenarios internacionales y consiguió instalar su nombre entre los grandes campeones argentinos.
Jorge “Locomotora” Castro deja una historia marcada por la gloria deportiva, la resistencia frente a la adversidad y una profunda identificación con sus raíces. Tenía 59 años y se encontraba abocado a proyectos sociales. Atendía 14 comedores y 9 merenderos. Fue el ìdolo más grande que pisó ésta tierra. El mejor boxeador nacido en la Patagonia y un «irrompible» que parecía escaparle hasta la misma muerte.
El hombre que parecía derrotado y encontró fuerzas para cambiar el destino de una pelea se convirtió en símbolo de perseverancia. Su recuerdo permanecerá asociado a aquella noche inolvidable de 1994, pero también a su compromiso con quienes más lo necesitaban.
Como él mismo anticipó, su vida podía terminar, pero aquella pelea seguiría vigente. Y con ella, la leyenda del “Roña” Castro. No habrá nadie como él. Se lo va a extrañar.






