Sintió por primera vez la sensación de los aplausos. Y él, desde la inocencia de sus cortos siete años, entendió que era «su» momento. Nadie más que él, se merecía una descarga tan sincera desde los cuatro costados de un ring al que dominó con su actitud. Noah Ismael Aidar It es radatilense y se dice admirador de Mike Tyson. Ni Canelo, ni Golovkin ni Pacquiao, ni ningún otro que pueda ocupar ese lugar. Solo Tyson, el destructor, el ex campeón mundial de todos los pesos; el «rompecabezas» que asustaba desde su sola e intimidante presencia. Hace cuatro años comenzó a practicar boxeo y hoy ya maneja la difícil técnica de coordinar golpes y responder a las indicaciones de su entrenador.


Con las manoplas colocadas, César «Tyson» Irala no contiene la emociòn y el orgullo de que su pupilo, golpee para el aplauso en el gimnasio Municipal Nro. Uno. «Es amigo de mi hija Renata y va todos los días al gimnasio, no falta ni un solo día», reconoce. Juega al básquet en la CAI, hace natación y longboard. Y nada parece frenar su enorme voluntad que parec trascender desde su silla de ruedas.


«Hace cuatro años que practico, estudio en el CEDyT de Rada Tilly y mis papás se llaman Gabriela y Emilio», cuenta el gran protagonista. La foto no es para nada simbólica: el árbitro Celso Britos lo buscó en la platea solamente para levantarle el brazo en señal de triunfo. Más merecido imposible.
En tiempos donde la flaqueza es combustible fácil para los que nada hacen; sin comprometerse; apostando a lo fácil y dejando el esfuerzo solo en casos extremos el ejemplo de Noah, encontró en el boxeo lo que quizás ningún otro deporte le brinde. Su exhibición; un encordado rodeando su silla; la sonrisa plena y los ojos brillantes lo convirtieron en un campeón difícil de imitar. Es el más campeón de todos. Y no hace falta decir nada más.
IT.







