Enrique «Zurdo» Sallago, el caballero del coraje

Enrique "Zurdo" Sallago en acción. De Puerto Deseado, se convirtió en ídolo de Trelew.

No habla demasiado bien de un periodista el hecho de “hurtarle” a un colega el título para un artículo. Sin embargo, al abocarme a la tarea de escribir una nota sobre Enrique Oscar Sallago, a solicitud de mi amigo Ismael Tebes -excelente analista del mundo de las piñas- sucumbí a la tentación de titularla “El Caballero del coraje”, expresión electa por el portuario Esteban Gallo para describir lo que fue en su momento éste ex campeón argentino de los welter. La admisión del “delito” creo que atenúa mi falta, eso espero al menos.

Nacido en Puerto Deseado hace 66 años “El Zurdo” para la actividad pugilística y “El Chueco” para familiares y amigos, desde los cinco años recaló en Trelew con sus padres Ruperto y Amelia García, para asentarse en su lugar en el mundo, barrio Unión, previo breve pasaje por una chacra cercana al Puente Hendre.
No fue buen alumno. La escuela no resultó amiga. Le gustaba más pelearse con los otros pibes que darle una batalla, que ya sabía perdida, a los libros. Rememora Gallo en su libro que su primer combate sobre un ring fue accidental. Había acompañado por amistad a un tal Suárez, un invicto de seis peleas para verlo combatir en un festival en Gaiman. El rival de su amigo no llegó y éste último lo invitó a subir prometiéndole que iba a accionar a media máquina, promesa incumplida a la que Sallago respondió quitándole su condición de imbatido. Su entusiasmo y su bravura, definieron 30 peleas como amateur. Nunca perdió. Sin embargo, al debutar como profesional, triunfó por puntos en Trelew sobre Paulo Vilouta el 13 de agosto de 1977, no entusiasmaba a los entendidos. Su “chuequera”, su porte desgarbado, su línea técnica, desprovista de toda elegancia, su falta de variedad en los golpes, casi lo descalificaban para pretensiones futuras.
Y entonces?.  Empezó a sumar victorias, siempre combatiendo en Trelew. El promotor Juan Carlos Benardis le dibujó una carrera llevadera y el santacruceño fue haciendo lo que debía: ganar. Muchas veces por fuera de combate, ante rivales que sucumbían a la zurda heterodoxa pero pesada del invicto. Fue enhebrando logros contra oponentes más complicados y así Arkuszyn, Abeldaño, otro duro como el “Mono” Juárez, Simón Escobar, engrosaron su lista. Un paso en 1982 por Buenos Aires y el Luna Park, pelea de los miércoles por TV, en el gimnasio y no en el estadio de Corrientes y Bouchard, le significaron el primer y único empate de su carrera ante un discreto Osvaldo Barreda a quien en la revancha en Trelew dominó fácilmente. La impresión que causaba Sallago a quienes lo veían por primera vez era de incredulidad. Así le sucedió a gente que vino de San Luis para asistir a la batalla con Simón Escobar, relojeando la última sesión de guanteo del “Zurdo”.
“Este tipo – vaticinaron – pierde el invicto en cuatro rounds con Simón”. Sallago lo destruyó y Escobar ni pudo completar todos los rounds. Cuando los primeros petardos navideños retumbaban para la Navidad del 83, el 23 de diciembre llegó la chance de pelear por la corona nacional con Alfredo Rubén Lucero, mendocino afincado en Salta bajo la tutela del Gordo Herrera y la ilustre esquina de Cirilo Gil. Llegaba con 50 peleas ganadas entre ellas una contra un venezolano Díaz que luego fue campeón del mundo, unas pocas derrotas y una zurda también temible.
El Municipal de Trelew a pleno, nunca se enteró que la pelea casi no se hace. En los camarines Sallago acusaba una alta fiebre, por eso demoró largos minutos en subir al ring. El Dr. Martínez Uribe sugirió la posibilidad de no autorizar al pugilista a combatir pero el propio Sallago se negó terminantemente. La pelea fue dura para él y Lucero aquilataba alguna ligera ventaja al llegar al último round; allí Sallago -mandado desde el rincón por el Galenso Hughes y Mingo Malvarez a quemar las naves – lo pasó por arriba al rival, le dio una paliza y obligó a una cuenta -larguísima- del Chino Guzmán, que evitó el nocaut. El fallo?. La primer tarjeta para Lucero, la 2a. para Sallago (fue la de Monti, quien le dio casi imposibles 4 puntos al local en el último asalto, dijo luego que se sintió presionado por el fervor del público) y la 3era. de José González, el presidente de la Federación de Boxeo, empate. Es lo que da el anunciador: fallo de la pelea: Empate. Casi no se protesta, pero un aficionado, Manolo Chasco, se anima y mira la tarjeta de González, advirtiendo que hay un error en la suma. Sus gritos contagian, se revisa el error que determina un segundo fallo y consagración para el “Chueco”.
Defendió la corona ante el propio Lucero en Comodoro, y no hubo discusión, otro triunfo ante Enrique Coronel y su última victoria conservando el cetro ante el pupilo de Pradeiro, el cordobés Carlos Prieto.
Abeldaño lo desafió otra vez, Sallago no contestó y le quitaron el título. Aumentó más de 20 kilos y dijo que no peleaba más. Sin embargo Benardis lo convenció y entonces hubo una desesperada carrera para recuperar el nivel físico, con enormes sacrificios que minaron su resistencia. El 9 de agosto de 1985, Abeldaño, que en el primer enfrentamiento entre ambos había sido literalmente paseado, impuso su rigor y si bien no lo pudo noquear, aquel desquicio físico hizo el resto. La ambulancia al lado del ring, Sallago al Hospital y un final injusto para su carrera; fue su única mácula en 66 peleas. De no haber aceptado ésta reaparición Sallago se hubiera convertido en el único campeón argentino invicto como amateur y profesional. Su bravura, su coraje, su determinación significaron, para los que amamos el boxeo, un canto a la sencillez, a la inteligencia para dimensionar sus quizás pocas luces con el ahorro necesario de sus energías adoptando siempre posturas y maniobras útiles. SSS: SALUD SALLAGO SIEMPRE !!!…
Por Carlos Melano, especial para Piñas del Sur. Foto Archivo Daniel Feldman.

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