Soledad Matthysse no solamente se viste de boxeadora. Lleva en su interior, la llama de la exigencia, de la fortaleza. Y del “jamás rendirse”. Hija de Mario Edgardo, el “Tordo” de Esperanza, que fuera profesional y de Doris Steimbach, su mamá gringa que se calzó los guantes a pedido de sus hijos y se retiró invicta y campeona provincial, tiene dos hermanos y un tío –Miguel Steimbach- que fueron boxeadores profesionales. Ambos fueron campeones y pelearon en Estados Unidos. El mayor, Walter, el “Terrible” fue un pegador implacable, letal que tuvo por la lona a Paul Williams en California y que acarició la gloria por el poder de su pegada.
El menor, Lucas, trascendió aún más allá. Fue campeón interino superligero CMB y mundial welter en la versión AMB. Llegó a ser el mejor boxeador argentino del momento, con múltiples presentaciones en EEUU cerrando su carrera en el 2018 frente a Manny Pacquiao en Kuala Lumpur, Malasia.


Y existe una larga lista de sobrinos e hijos amantes de las piñas. Su hija Milagros –hoy mamá- fue una destacada amateur; su sobrino Junior Narváes es actualmente un jóven profesional en pleno despegue. Soledad es protagonista de unn extraño fenómeno: Comenzó a boxear por encima de la edad promedio y luego de un largo recorrido, encontró el rendimiento a la inversa que la mayoría. Cuando muchos ya piensan en el retiro, la “Itaka” sigue alcanzando objetivos internacionales.
Alcanzó algo que pocos boxeadores argentinos consiguen: ganar en Estados Unidos. Y lo hizo dos veces. Y en ambos casos, antes del límite, explotando otra faceta positiva que la potencia. Acostumbrada a buscar cinturones en cualquier parte del mundo donde se la convoque, ésta vez Soledad irá a darlo todo, para defender lo que –con orgullo- le pertenece.
Ser campeona no es solamente un cinturón. A lo largo de casi veinte años de rutina, esfuerzo, dietas estrictas y horas invertidas en el gimnasio, la “oficina” en donde se puede explicar el fenómeno; Matthysse ha puesto todo de sí. Arriba y abajo del ring, donde su pareja y entrenador, Mario “Mauko” Narváes juega un rol imprescindible.
“Sole” no mide los tiempos, juega con la edad y parece reírse del almanaque. Suma orgullosa el título de “abuela” que no necesita llevar en ninguna valija. Sus tres hijas y sus tres nietos disfrutan hoy de su mejor versión y ella misma, reconoce que el boxeo le tiene preparados nuevos desafíos.
Nunca se sabe el final del cuento. Y menos en éste caso, donde una deportista parece convivir constantemente con la gloria. No sabe de imposibles. Y hasta bromea con la edad de sus rivales. En éste mundo de campeones efímeros, de argentinos peleando por el mundo solamente “por la bolsa” y de youtubers enguantados que creen ser lo que nunca serán, Soledad Matthysse es un caso digno de aplauso. Viaja, pelea, lo deja todo y gana. IT/Piñas del Sur.






