Una rival “estudiada” a la perfección; adelantándose a la jugada y “tirando” los golpes correctos. Así Soledad Matthysse fue quitándole aire y oportunidades a Samantha Worthington hasta maniatarla con su batería ofensiva. Desde Detroit, la flamante campeona interina superligero WBA reconoce haber desplegado una de sus mejores funciones vestida de boxeadora, enfundada en su mejor armadura. En el boxeo, nada es casual. Y menos peleando en una edad en la que la mayoría ya está pensando en el adiós y en la vida después del ring. Sin embargo “Sole” a los 45 disfruta de su plenitud deportiva, saborea el premio del entrenamiento y el cuidado físico y se ilusiona con las grandes carteleras.
Ser campeona la ubica en otra dimensión. Y aumenta la jerarquía de quienes pueden ser sus futuras rivales, más horas de vuelo y bolsas más tentadoras. Matthysse encontró la fórmula de la eterna juventud. Transpirando todos los días, cuidándose más que en todas las etapas de su carrera y demostrando una vigencia que es, ni más ni menos, un premio merecido. “La pelea salió como lo practicamos en el gimnasio. La rival estaba estudiada desde hace dos meses y medio. Sabíamos que desde el quinto round, ella empezaba a bajar el ritmo. Yo siempre peleó de menor a mayor”.


“Igual salí a mandar yo en el primer round, cruzamos bastantes golpes y nos fuimos al tome y traiga pero siempre inteligente. Siempre escuché a mi rincón y traté de sacar las manos que le iban a entrar como las combinaciones; los cross y los golpes abajo”, describió Soledad.
En una categoría que no es la propia, la “Itaka” se desenvolvió con tranquilidad. “Me sentí recómoda. No es mi peso, a mi rival la vi grande y cuando nos estaban dando las indicaciones me dediqué a observarla, los brazos y su estatura”.
“Trabajé muy bien a distancia. Metí combinaciones; la derecha por arriba y los golpes de encuentro. Mario (Narvaes) me iba cambiando en todos los rounds y creo que la fui desgastando. Se ve que ella dio todo hasta donde pudo. Le noté cara de asustada. Cuando íbamos a empezar el noveno round ví que le estaban sacando los guantes”, rememoró.
Sole quedó con registro 2-0 en EEUU, una marca inmejorable y es la boxeadora argentina con más edad en obtener un título. “Yo lo tomo normal. Es lindo saberlo y que uno va superando también otras cosas. Lo tomo tranquila”, dijo la abuela boxeadora que tiene dos nietos y espera al tercero en algunos meses, respecto su invicto en el país del norte.
“Terminar así mi trabajo fue increíble. Pensé en mis hijas; la familia y en la gente que siempre creyó en mí. Sabía que acá estaba mi futuro y las cosas buenas que pueden llegar. Siempre les digo a mis hijas nos va bien, nos va bien a todos”. Sobre las claves de su “secreto” boxístico, planteó que la edad representa un instrumento más. No un impedimento. “Hay que entrenar, cuidarse y estar bien físicamente. Yo como deportista, recomiendo entrenar siempre. Si no estás preparada físicamente, no rendís arriba del ring. El secreto para mí es entrenar, en lo deportivo y en el boxeo para mí es entrenar”.





