Era inevitable, se sabía. Pero nunca se dejaba de confiar, ni de creer. Hoy finalmente el reloj se detuvo y la vida quedó atrás en ese sueño con fecha de vencimiento. Falleció Cristian Javier Rodríguez, uno de los boxeadores más técnicos e inteligentes que haya un ring en la ciudad.
Siempre estuvo lleno de vida, siempre bien. Trabajador petrolero, de familia y con mucho por recorrer, dejó abierta la puerta que nadie podrá cerrar. Y que no se entiende. La enfermedad más ingrata lo fue alejando, también a él que siempre supo ser un guerrero y dar pelea.


Cristian amo tanto el ring que en una de sus últimas fotos, subió con esfuerzo la escalinata y sorteó las cuerdas como si no estuvieran; abrazó a su padre, el entrañable Alejandro, y pareció repartir las sonrisas que le quedaban, todas para los flashes.
Su carrera de boxeador amateur terminó obligada por una lesión pero sin dudas, estaba y prometía mucho más. Debutó en 1998 ganándole por nocaut a Pablo Zúñiga en el gimnasio Master Box, un escenario que ya no existe en calle Alem y que llegó a albergar inclusive, peleas profesionales.


Superó a Raúl Mesa, Víctor Elcano, y Elvio Reales. También venció a José Luis Valdera, caletense fallecido, Enrique Rearte, Oscar Gordillo, Gerardo Salcedo y en el 2000 por nocaut a Edgardo Romano en la que fue su despedida. Ganó 10 (8 antes del límite) con 3 empates ante Fabián Tenorio, Isaac Loi y en un peleón a Abel Herrero, el único día que reconoció “habérsele soltado la cadena”. Otro hito en su carrera, resultó el nocaut uno a su favor en un promocionado duelo ante César Irala en un gimnasio Municipal totalmente colmado.


Siempre lo acompañó el talento. Y La frialdad. Estudiaba a sus rivales para poder sorprenderlos , sacaba golpes precisos, casi quirúrgicos y utilizaba la sabiduría de su rincón para beneficio propio con el viejo manual, el de Francisco “Paco” Bermúdez que su padre, revitalizó.
Era inevitable, sí. Él mismo lo decía. Porque la ciencia se termina quedando sin respuestas y porque a la larga, la muerte, cuando elige llevarse a uno de los buenos, es lo que es, muestra la hilacha. Sí, la muerte en éstos casos, es una mierda. QEPD Cristian!!.





