Le dicen “Metralleta”. A Víctor Agustín Pérez, el apodo boxístico parece sentirle a la perfección. Largo y de físico apto, lo convierten en un modelo ideal para plantarse en el ring. De estilo “Monzoniano”, se hace sentir en la distancia larga, donde el alcance le permite adelantarse a cualquier maniobra. “El apodo me lo puso mi papá de chico cuando peleábamos con mi hermano. Nací en Comodoro Rivadavia, en el barrio Máximo Abásolo, el 11 de octubre del 2004”. Pérez quien cuenta con la referencia de haber acumulado la mayor cantidad de peleas en la temporada, disputará la primera guerra del 2026. “Trato de ser un poco estilista. De moverme, tratando de buscar los ángulos y de conectar manos firmes. Lo que más me enseña el profe es trabajar en distancia y que aproveche mis atributos físicos. Me gusta mucho golpear abajo a los rivales, más que tirar a la cabeza”.



El boxeo no es lo único que cuenta. “Metralleta” trabaja en el taller familiar y no le escapa a las tareas generales. Desde soldadura, hasta gomería incluyendo trabajos de mecánica. “Mi objetivo principal es poder llegar a ser campeón mundial y después poder hacer mucha plata para poder comprarle una casa a mi mamá y que no tenga que trabajar más. También poder tener viajes, lujo y todo eso”, anhela. “Yo creo que mi pelea más difícil fue la primera. Porque subí muy nervioso al ring por la inexperiencia y por los nervios que sentí. Siempre me dio vergüenza estar ante mucha gente. Terminé haciendo una pelea muy mala que perdí. La más difícil fue la que hice con (Román) Nahuelquir que si bien terminó en RSC, la pude perder por puntos porque él había sabido escapar y yo no pude conectar manos con claridad, cosa que él sí”. Aunque el boxeo no estaba en su hoja de ruta, asume que el entrenamiento es la base esencial. “Nunca le agarré el gusto al boxeo de chico, ya que siempre me gustó más el fútbol”.


“Empecé a entrenar –dijo Pérez- cuando estaba en el Ejército. Cuando me dí de baja, me puse a entrenar en serio. Hoy me mantiene con ganas de vivir, levantarme todos los días y tener un objetivo. No es lo mismo ir a entrenar con la idea de mejorar que ir a entrenar simplemente por cumplir. O para que el técnico no se enoje”. En Fracción 15 trabaja a las órdenes de Alfredo Severo y del profesor Alejandro Rodríguez. “Escuché de “Maravilla” Martínez que un boxeador se hace más fuera del gimnasio que adentro. Afuera está la vida y como uno se cuide, eso repercute directamente en el rendimiento físico. La alimentación y el descanso son igual o más importante que el entrenamiento”.
“Mi papá peleó como amateur (Cristian “Rulo” Pérez fue pupilo de Carlos Mansilla en la Escuela Ceferino) y de chiquitos; tenemos hechos videos con mi hermano. Éramos unos nenes, nos ponían los guantes y nos entrenaba. Que ahora mi viejo vaya a verme pelear para mí es un orgullo y un privilegio. Tanto él como mi mamá, mis abuelos y mis tíos siempre me acompañan a todos lados”.






