Casi estrenando los dieciséis, Salvador Wittenkamp habla como un boxeador cargado de experiencia. Aunque tenga solamente 9 peleas realizadas, la visión tan clara que parece tener del objetivo, lo hace saltearse las hojas de cualquier almanaque. Perdió su invicto el último fin de semana y más allá de las circunstancia, asume que lo que cuenta es la experiencia. El resultado, a la larga, es una parte del proceso. Importante, pero hasta ahí.
“Nací el 24 de febrero de 2010 en Buenos Aires pero actualmente vivo en Trelew. Yo arranqué boxeo porque veía a mi viejo (Federico) que entrenaba boxeadores; es preparador físico y se iba de viaje a Estados Unidos”, adelanta el representante del gimnasio Museum, cara visible de la nueva generación de pibes boxeadores.


“Yo lo veía de acá y me gustaba y ahora hace un año aproximadamente fui, me probé en boxeo y me encantó. De ahí en más, nunca paré de entrenar y nunca más paré de meterle” cuenta “Salva” quien combate en los 69 kilos; se prepara físicamente con su padre y en lo estrictamente boxístico con Mario “Mauko” Narvaes. “Como boxeador, me defino como un contragolpeador. Me gusta moverme, pasar golpes y mover el jab. Yo me definiría así, un contragolpeador”.
Su apellido ya suena en las carteleras no solamente de la provincia. Ha salido de Chubut y transitado una experiencia nada precoz. “Obviamente uno quiere ser el mejor, que no haya otro mejor que yo y tratar siempre de estar al máximo nivel”.
“Yo entreno –resaltó Wittenkamp- dos veces al día, de lunes a sábado. Primero entreno la parte física con mi papá y después entreno boxeo, la parte técnica con Mauko Narvaes, ellos dos son quienes componen mi equipo de trabajo”. Con el boxeo metido en la sangre y la mirada siempre puesta en las redes, reconoce admirar a Floyd Mayweather. “Hay muchos boxeadores que me gustan, como Lomachenko y también miro mucho a Crawford pero mi ídolo es Mayweather”. Viene de pelear en Guernica, Buenos Aires, frente a Alex Brizuela en una prueba que le permitió conocer el “lado B” del boxeo. “Siento que no perdí, me sentí bien y no estoy muy de acuerdo con el resultado”.


“Hicimos una preparación para dar el peso, pero se cambiaron los horarios del pesaje. Iba a ser a las 2 de la tarde y mi pelea iba a ser a las 8 de la noche, pero se terminó haciendo el pesaje a las 4 y media de la tarde y mi pelea fue las 6 y media”, lamentó.
“No hubo tanta recuperación, creemos que fue eso que me afectó físicamente. Igual resultó una linda experiencia ya que peleamos contra el que salió campeón nacional en los Juegos Evita. Y eso suma”.
Agradecido de cada minuto de formación, asume que el sacrificio y la disciplina resultan irremplazables. Y sueña con una carrera ligada a las grandes carteleras y a poner en alto el prestigio de los peleadores nacidos en ésta tierra. “A las personas que considero importantes en el inicio de mi carrera amateur es primero mi papá, que me llevó a boxeo y es el que me banca siempre y me lleva a pelear además de entrenarme físicamente. Y después, obviamente, a Mauko por haberme enseñado boxísticamente. Les agradezco un montón a los dos”.







