William Scull fue, no hace mucho, el boxeador que obligó a Saúl “Canelo’’ Álvarez a pelear con paciencia, a medir cada paso y a completar los 12 asaltos sin concesiones. Aquella noche, más allá del resultado, Scull salió con la etiqueta del hombre sólido, incómodo, resistente. El sábado, en la Sydbank Arena, esa versión no apareció. Jacob Bank no solo le arrebató la iniciativa, sino que terminó desmantelándolo round tras round hasta forzar una detención tardía en el duodécimo asalto. El contraste fue brutal. El Scull que supo sobrevivir al campeón indiscutido del peso supermediano lució lento, reactivo y sin respuestas ante un rival más joven, más intenso y, sobre todo, más decidido. El inicio del combate invitaba al engaño. Los primeros asaltos fueron cautelosos, de estudio, con escasa acción sostenida.
Scull parecía cómodo en ese terreno, apelando a la experiencia, al control del ritmo, a la economía de golpes. Pero también quedó claro que no había urgencia, ni intención real de marcar territorio. Todo cambió en el sexto round. Bank ajustó la distancia, apretó el paso y encontró los espacios. Dos caídas alteraron por completo el desarrollo del combate y, con ellas, se evaporó la calma de Scull. Desde ese momento, el cubano pasó de administrar a sobrevivir.


Lo más preocupante no fue solo la falta de respuesta, sino la incapacidad para recuperar el control. El desplazamiento se volvió predecible, el volumen cayó en picada y la iniciativa desapareció. Bank, en cambio, mostró una madurez notable: presionó sin desordenarse, mezcló golpes al cuerpo y a la cabeza y forzó intercambios a un ritmo que Scull no pudo sostener. Las caídas posteriores fueron consecuencia directa de ese desgaste. No hubo un solo golpe milagroso, sino una acumulación constante de castigo y presión. Scull pasó largos tramos reaccionando, defendiendo, intentando ganar tiempo. La versión resistente que aguantó a Canelo ya no estaba allí.


El final, con apenas segundos por disputarse en el último asalto, fue casi simbólico. Otra caída obligó al árbitro a detener la pelea y selló una actuación dominante de Bank, quien defendió su cinturón WBO Global y mejoró su récord a 18-0, con 10 nocauts. Para el joven campeón, fue una victoria que habla de crecimiento, paciencia y autoridad. Para Scull, ahora con marca de 23-2, la noche deja preguntas incómodas. ¿Fue el desgaste acumulado? ¿La diferencia de ritmo? ¿La falta de ajustes? ¿O simplemente el límite ante un rival que no le permitió esconderse? El boxeador que mantuvo ocupado a Canelo Álvarez fue irreconocible cuando lo sacaron de su zona de confort. El boxeo no perdona el tiempo ni la falta de respuestas. Y el sábado quedó claro que la resistencia, por sí sola, ya no alcanza. Mientras Jacob Bank dio un paso firme hacia escenarios mayores, William Scull salió del ring con una interrogante que pesa tanto como cualquier derrota: ¿qué quedó de aquel peleador que alguna vez desafió al rey de la división?. Jorge Ebro/El Nuevo Herald.







