Brenda González, boxeadora profesional oriunda de El Bolsón, le puso voz a la grave situación derivada de los incendios de bosques en la Cordillera. “Un incendio te deja miedo, impotencia y pérdidas que no vuelven”, lamentó la deportista que éste año proyecta su regreso a la actividad profesional. La “Chiquita” quien se radicará en Córdoba para continuar su carrera, expresó con crudeza y dolor su mirada sobre los incendios forestales que año tras año golpean a la Comarca Andina. Desde su experiencia personal y familiar, cuestionó con dureza a la dirigencia política, denunció la falta de preparación y destacó que, frente a la tragedia, la respuesta real vuelve a ser la solidaridad de la gente. “Como residente da tristeza ver que cada año hay incendios, muchos de ellos causados intencionalmente, y no hay justicia”, afirmó González.


“Como ciudadana siento que no estamos preparados para estos incendios. No hay herramientas, no hay equipamiento”, sostuvo, y fue más allá: “Conviene vender el lugar de otra forma, cuando sabemos que habría que comprar cosas mucho más importantes para prevenir estos incendios”.
En sus declaraciones, González puso el foco en una problemática de fondo que atraviesa a toda la región. “Ya sabemos que las tierras acá son muy codiciadas por muchos gobiernos”, advirtió, denunciando intereses económicos detrás de la reiteración de los siniestros. La boxeadora también cuestionó con firmeza el accionar individual de los funcionarios. “Que cada cual haga bien su trabajo, no sacando beneficios para su bolsillo. Un error de un político no lo paga uno solo, lo paga toda la población”, sentenció.


“Acá se ve –remarcó González- mucho la solidaridad humana. Cuando pasa algo así, los políticos desaparecen”, aseguró. Y describió una escena que, según ella, se repite en cada tragedia: “Son los mismos vecinos los que ayudan al que perdió todo, al que perdió años de trabajo, sueños construídos y arrebatados por las llamas”.
Desde su experiencia personal, recordó lo vivido en otros incendios de la comarca. “Lo vi con mis propios ojos cuando estuvimos en el incendio de El Hoyo. Mi abuela hoy tiene su casa no gracias al Estado, sino gracias a todas las donaciones que hizo la gente”, relató. “Ella perdió su vivienda, se le fueron años de trabajo, recuerdos de sus nietos que quedaron solo en las cenizas”.


Por último, González describió el impacto emocional que deja el fuego en quienes lo viven de cerca. “Como residente, un incendio te deja sensaciones de miedo, impotencia y pérdidas, reviviendo todo lo pasado otra vez”, concluyó, reflejando el sentimiento de una comunidad que vuelve a levantarse casi en soledad, sostenida por la ayuda mutua y la memoria de lo perdido.





